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Categoría: resumenes de libros de septimo

14/11/2007 GMT 1

LA LLAMADA DE LO SALVAJE

oigres @ 14:47

Trata sobre un perro llamado Buck que vivía en una granja cerca de San Francisco que era del juez Miller. Allí Buck era el perro que reinaba en el lugar; jugaba con los nietos del juez, acompañaba a las hijas de éste en sus paseos, o a sus hijos de caza. Estaba todo el día sin hacer nada sentado al sol y en invierno al lado de la chimenea a los pies del juez.

Pero un día, Manuel, uno de los ayudantes del jardinero se llevó a Buck, llegaron a la estación ferroviaria de College Park donde fue vendido a un hombre para ser convertido en un perro de tiro. Este hombre recibió dinero, y cada vez que Buck le atacaba lo estrangulaba. Fue duramente maltratado y transportado hasta un veterinario de San Francisco. A la mañana siguiente llegaron cuatro hombres y cargaron la jaula para subirla a otro vagón, un camión lo llevó a un vapor, de ahí fue a parar a un depósito de ferrocarril, y después lo pasaron a un vagón expreso. Descargaron a Buck en Seattle donde fue recibido por un hombre que contenía la furia de los perros rabiosos basándose en garrotazos, el pobre animal recibe doce golpes hasta que se cansó de atacarle. Compraron a Buck y se lo llevaron dos tipos que trabajaban para el gobierno de Canadá.

Él y ocho perros más compusieron un grupo de tiro para el trineo de ambas personas. Después de dos años el grupo sufre ataques de otros perros y las inclemencias del tiempo. Las bajas fueron repuestas por otros perros en Rink Rapids, pero Bucks consigue lo que quería ser el líder del grupo. Otros dos hombres compraron a los perros, incluyendo arneses, y se integraron nuevos perros al equipo.

Buck se dio cuenta que sus nuevos amos eran tan incompetentes que no podrían avanzar mucho. Solo quedaron cinco perros, el resto falleció debido a las heridas y el mal tiempo. Llegaron al campamento de su dueño, y el compañero de éste pegó a Buck por que no obedecía. En aquellos momentos de tensión su dueño le defendió y tras ese acto de valor el resto de la compañía (sus socios) le abandonaron junto con Buck.

Conoció a dos perros más y su amo junto con los ayudantes terminaron de acampar y siguieron su camino. Buck tuvo la oportunidad de pelear con un alce macho y no la desaprovechó, después de un tiempo decidió matar a su presa. Regresó al campamento con su amo y vio que todos estaban muertos y atravesados por flechas. Aquello hizo que a Buck le diera bastante rabia y perdiera la cabeza por tanto amor que tenia hacía su amo. Encontró a los indios que estaban danzando alrededor del la cabaña y Buck se les aventó. Después de aquella matanza escuchó ``la llamada ´´ otra vez y lo siguió. Una manada de lobos llegó donde estaba él y el más audaz lo ataco primero. Después de que los lobos se hicieron para atrás apareció un lobo alto y famélico, Buck lo reconoció. Era su hermano salvaje que lo había estado acompañado durante una noche y un día, entonces se unió a los lobos.

Ahora Buck es una leyenda para los yeehast que muchos temen.

el relato de un naufrago

oigres @ 14:32

CAPÍTULO I

COMO ERAN MIS COMPAÑEROS EN EL MAR

Luis Alejandro y sus compañeros llevaban ocho meses de estar en Mobile, Alabama para reparar el destructor de la marina de guerra “Caldas”, así como para recibir entrenamiento especial. Hacían lo que todos los marinos hacen en tierra: iban al cine con la novia, se reunían en el Joe Palooka donde tomaban wiskey y armaban una bronca de vez en cuando.

La novia de Luis se llamaba Mary Address, a quien apodaban María Dirección.

Una semana antes de regresar a Colombia, Luis y sus compañeros fueron a ver la película “El motín del Caine”. La escena de la tempestad en el barco los impresionó a tal grado, que Luis se llenó de miedo y malos presentimientos. Él y su mejor amigo, Ramón Herrera, decidieron un par de noches antes de regresar a Colombia que abandonarían la marina a pesar de haber servido 12 años.

Los malos presentimientos y el miedo continuaron hasta el día en que partieron, pero nadie se hubiera imaginado que ese, en efecto, sería su último viaje.

Los invitados de la muerte
El día que zarparon, Luis no pensaba en Mary Address, su novie en Mobile, sino en la fuerza e incertidumbre del mar. El barco cruzaría el Golfo de México, peligrosa ruta en esas fechas. Jaime Martínez Diago ocupaba el puesto de teniente, fue el único oficial muerto en la catástrofe. Luis Rengifo fue su compañero de litera, era estudioso y hablaba el inglés perfectamente. Había estudiado en Washington y estaba recién casado de una dominicana.

Cuando se fueron a dormir el mar se sentía muy alborotado. Luis Reginfo se burló advirtiendo que cuando él se mareara el mar también lo haría y ello desató los malos presentimientos que Luyis Alejandro había olvidado.

CAPÍTULO 2

MIS ULTIMOS MINUTOS A BORDO DEL “BARCO LOBO”

El 26 de febrero, por la mañana, ya estaban en el Golfo de México y los temores de Luis desaparecieron. El cabo Miguel Ortega volvía el estómago todo el día y su malestar no mejoraba por la marea. Al entrar al mar Caribe, Luis sintió el mareo y la inquietud del Caribe. Los temores regresaron y se los comentó a Luis Reginfo, pero éste le aseguró que el barco no sufriría ningún accidente porque era un barco lobo. Entonces los temores se agudizaron junto con el recuerdo constante de la película “El motín del Caine”

Empieza el baile
El 27 de febrero, a la medianoche, los tripulantes recibieron la orden de pasarse al lado de babor para hacer contrapeso y estabilizar el demoledor. Los malos presentimientos regresaron porque el mar estaba muy picado. A las 5:30 de la madrugada Luis hizo guardias en cubierta con sus compañeros Ramón Herrera, Eduardo Castillo, Luis Rengifo y el Cabo Miguel Ortega. De hecho este último no habría muerto si hubiera permanecido en su camarote por su estado descompuesto.

Era imposible descansar con el movimiento constante del barco. A pesar de que el día era despejado, las olas eran cada vez más altas y golpeaban fuertemente la cubierta.

Un minuto de silencio
Luis Rengifo advirtió que el barco se estaba hundiendo. La orden para pasarse a babor se repitió. Pasó alrededor de un minuto y todos se sujetaban en silencio. Después dieron la orden de colocarse los salvavidas. Eran las 11:45 cuando una ola enorme los envistió y arrojó al mar. Por unos segundos no había nada más que mar, pero el Caldas salió entre las olas chorreando como un submarino y fue entonces cuando Luis comprendió que habían sido arrojados al mar.

CAPÍTULO 3

VIENDO AHOGARSE A CUATRO DE MIS COMPAÑEROS

El destructor se encontraba a 200 metros de su locación. Las cajas y cosas que traían de Mobile subían revueltas a la superficie. Luis trató de sostenerse a flote y se agarró de una caja. Por un momento, perdió la noción del tiempo y de lo que ocurría cuando de pronto escuchó a sus compañeros en la misma situación. Eduardo castillo, el almacenista, se agarraba del cuello de Julio Amador Caraballo. Ramón Herrera estaba en el agua, al igual que Luis Reginfo. Luis Alejandro nadó hacia una balsa y tras tres intentos logró subir. Intentó remar hacia Ramón, pero la fuerte brisa estaba en su contra y Ramón desapareció en el fondo del mar, al igual que Caraballo y Castillo. Luis Reginfo continuaba nadando hacia la balsa y Luis Alejandro intentó remar hacia él, pero a tan sólo tres metros, Luis Reginfo se desesperó y se hundió en el mar.

Solo en el mar
Eran las 12:00 en punto cuando Luis estaba en la balsa. Estaba completamente solo en medio del mar y calculó que en dos o tres horas vendrían a rescatarlo. Tenía una herida profunda en la rodilla en forma de media luna que le ardía, pero había dejado de sangrar gracias a la sal del mar. Hizo un inventario de sus pertenencias: su reloj que funcionaba perfectamente y lo miraba cada dos o tres minutos; sus llaves del locker en el destructor, un anillo de oro, una cadena de la Virgen del Carmen y tres tarjetas de almacén que le dieron en Mobile durante un paseo de compras con Mary Address.

CAPÍTULO 4

MI PRIMERA NOCHE SOLO EN EL CARIBE

La brisa movía con rapidez la balsa y Luis dedujo que sería hacia el Caribe, pues el mar no arrojaría hacia la costa una balsa muy adentrada. Pensó que alrededor de la 1:00 pm notarían su ausencia en el demoledor y enviarían helicópteros y aviones para buscarlos. El sonido de la brisa le recordaba a Luis Reginfo cuando le gritaba “Gordo, rema para este lado”. Las horas pasaban, la brisa paró, el murmullo de Reginfo también pidiendo auxilio también, y ningún avión se aproximó.

La gran noche
Luis estuvo esperando atento a que pasaran los aviones. Cayó el atardecer y cuando oscureció, esperaba ver las luces verdes y amarillas de los aviones en el cielo, pero sólo vio un mundo de estrellas que trató de identificar para ubicarse mejor. Se sentó al borde de la balsa, el pero lugar recomendado por sus instructores, pero sólo allí se sentía seguro de las bestias y animales marinos que pasaban debajo de la balsa. Durante cada minuto observó su reloj; lo estaba volviendo loco la espera y el tiempo pasaba lentamente. Decidió quitárselo y aventarlo al mar, pero al cabo de un rato, no lo hizo y siguió revisando la hora constantemente.

Luz de cada día
No había dormido nada esperando ver las luces de los aviones y escrutando el horizonte en busca de algún barco. Al amanecer sintió la tibia brisa, estiró su cuerpo y le dolía la piel. Recordó el demoledor, cómo a esa hora estaría comiendo su desayuno y le dio hambre. Comenzó a reconstruir lo sucedido, y de haber estado en su litera y no en cubierta, ahora todo estaría bien. Pensó que todo había sido culpa de su mala suerte y sintió angustia.

Un punto negro en el horizonte
Al mediodía recordó Cartagena y pensó que sus compañeros habrían sido rescatados. De pronto vio un punto negro en el horizonte que se acercaba con gran rapidez hacia la balsa. Luis se quitó la camisa para atraer su atención

CAPITULO 5

YO TUVE UN COMPAÑERO EN LA BALSA

Agitó desesperadamente su camisa pero se había equivocado, el avión no volaba directamente hacia la balsa y desde la altura a la que iba, era imposible verlo. Se sintió desesperado y comenzó al tortura de la sed. Se cubrió con la camisa húmeda la cara y se recostó boca arriba para proteger sus pulmones del sol.

A las 12:30 escuchó un avión aproximarse y éste sí volaba a menor altura y directo hacia la balsa. Pudo ver que el avión pertenecía a los guardacostas y a una persona con binóculos asomado al mar. Ahora sí pensó que lo habían visto y agitó la camisa. El avión pasó nuevamente por encima de la balsa, pero después se fue. Seguro de haber sido visto, pensó que lo rescatarían en una hora y que probablemente estaba cerca de Cartagena y de Panamá, así que trató de remar hacia esa dirección. Las horas pasaron y no lo rescataron, cuando de pronto, de un salto, cayó en el centro de la balsa y lentamente, como cazando una presa, la aleta de un tiburón se deslizaba a lo largo de la borda.

Los tiburones llegan a las cinco
Muchos más tiburones se acercaron a la balsa, como escoltándola, y al atardecer se marcharon. Sabía que los tiburones serían puntuales al día siguiente y que se marcharían al anochecer. El atardecer fue espectacular , había peces de diferentes colores nadando en el mar transparente. Cuando veía algún resto de pescado devorado por un tiburón, sentía que era capaz de vender su alma con tal de obtener un solo bocado. Aquella era su segunda noche de desesperación, hambre y sed. A pesar de no haber dormido nada la noche anterior, sentía fuerzas para remar hacia la Osa Menor.

Un compañero en la balsa
Alrededor de las 2:00 am estaba completamente agotado por la sed y el cansancio. Se disponía a morir cuando de pronto vio a Jaime Manjarrés sonriente señalándole la dirección del puerto. Al principio fue un sueño, pero aún despierto lo seguía viendo. Por fin se decidió a hablarle sin sobresaltarse, pues sentía que había estado en la balsa con él siempre. Jaime Manjarrés le preguntó porqué no había tomado agua ni comido suficiente. Después estuvo silencioso un momento y volvió a señalarle dónde estaba Cartagena. Luis siguió la dirección de su mano, pero las luces del aparente puerto no eran más que un nuevo amanecer.

CAPÍTULO 6

UN BARCO A LA VISTA Y UNA ISLA DE CANÍBALES

Luis llevaba la cuenta de los días marcándolos con unas rayas en la balsa, pero se confundió al colocar 28, 29 y 30 de febrero, así que dejó de marcar los días para evitar mayores confusiones. Su cuerpo estaba lleno de ampollas por el sol y le costaba trabajo respirar; seguía sin comer ni beber así que decidió tomar un poco de agua de mar, que no le quitó la sed, pero lo refrescó.

A las 5:00 en punto llegaban los tiburones, todavía indecisos por atacar la balsa pero atraídos por su color blanco.

Barco a la vista
Jaime Manjarrés lo siguió visitando cada noche y entre tanto, conversaban. De pronto, como a 30 km, Luis vio un barco que se movía lentamente. Estaba agotado y había brisa en su contra que le impedía acercarse más a pesar de sus esfuerzos por remar. Desolado en el mar, comenzó a gritar, pero el barco desapareció. En la mañana de su quinto día, trató de desviar la dirección de su balsa porque temía llegar a una isla habitada por caníbales, y en ese caso el agua resultaba ser más segura que la tierra.

Al mediodía trató de incorporarse para probar sus fuerzas, pero sólo sintió que ese era el momento que, según sus instructores, el cuerpo no se siente, no se piensa en nada y hay que amarrarse a la balsa. Durante la guerra, muchos cadáveres fueron encontrados atados a las balsas, descompuestos y picoteados por las aves.

Por primera vez en cinco días, los peces golpeaban contra la balsa, talvez porque su cuerpo se empezaba a podrir.

De pronto aparecieron siete gaviotas, esperanza de que la tierra estaba cerca, a dos días aproximadamente. Una pequeña gaviota permaneció al borde de la balsa y Luis esperó pacientemente e inmóvil a que ésta se acercara más para apresarla y comerla.

CAPÍTULO 7

LOS DESESPERADOS RECURSOS DE UN HOMBRE HAMBRIENTO

Luis había escuchado de sus instructores que no debían matar a las gaviotas que son las nobles señales de la salvación, pero el hambre superaba sus principios y cuando la gaviota se acercó más, de un tirón la capturó y le rompió el cuello, pero al verle las víceras, sentir su sangre caliente y la imposibilidad de desplumarla, sólo sintió repugnancia y no pudo comerla porque sentía que comía una rana. Tampoco podía utilizar la gaviota como carnada porque no tenía nada con qué pescar.

Tiró los restos de la gaviota y los peces se disputaron sus restos. Aquella era su sexta noche y por primera vez salía la luna que iluminaba el mar espectralmente. Esa noche, su compañero no lo visitó y cada vez que perdía la esperanza el reflejo de la luz le figuraba un barco que podía rescatarlo.

Yo era un hombre muerto
El sexto día no recordaba lo que había ocurrido, pues se sentía entre la vida y la muerte. Hizo un enorme esfuerzo para amarrarse a la balsa para no morir devorado por los tiburones. Sus mandíbulas le dolían por falta de uso y recordó que llevaba consigo las dos tarjetas del almacén en Mobile y optó por mascarlas, lo cual resultó un gran alivio. De pronto, volvió a ver las siete gaviotas y la esperanza resurgió.

El deseo por seguir mascando lo hizo masticar inútilmente sus zapatos de caucho.

La séptima noche consiguió dormir y a veces se despertaba por el golpe de las olas, pero pronto reconciliaba el sueño.

CAPÍTULO 8

MI LUCHA CON LOS TIBURONES POR UN PESCADO

Después de siete días de estar a la deriva, dejó de seguir luchando y ahora veía el mar, el cielo, los peces que escoltaban la balsa, de manera distinta, pues si había logrado sobrevivir hasta ahora, ellos se convertían en sus compañeros. Con las manos trató de capturar unos peces, pero éstos escapaban dejándole mordidas en los dedos. Tal vez fue su sangre, pero en un momento se juntaron muchos tiburones alrededor de la balsa, alocados, devorando peces. El alboroto era tal, que sin quererlo, un pez de metro y medio saltó a la balsa. La situación era peligrosa pues si perdía el equilibrio la balsa se podía voltear entre los tiburones o bien, la presa podía escapar.

Con el remo, golpeó al pez y la sangre de éste alocó aún más a los tiburones, así que tomó entre sus piernas el pescado y mientras lavaba la sangre de la balsa, los tiburones se fueron calmando. Era un pez verde metálico con escamas fuertes que le hicieron creer que era venenoso, pero el hambre lo hizo olvidar su suposición y tras un par de bocados, logró calmar su sed y su hambre y recobró energía. Decidió envolver al pez en su camisa y en un descuido al enjuagarlo, lo perdió en una batalla contra un tiburón. Estaba tan enojado de haber perdido su única comida en muchos días, que golpeó al tiburón con el remo, pero éste, de una mordida lo partió en dos.

CAPÍTULO 9

COMIENZA A CAMBIAR EL COLOR DEL AGUA

Ahora sólo le quedaban 2 remos útiles y sabía que si continuaba peleando contra el tiburón, perdería la batalla. El cielo daba indicios de lluvia, así que se quitó los zapatos para recoger agua potable. De pronto se soltó un aire frío y una enorme ola volteó la balsa, le recordó a la ola que lo arrojó del destructor. Por unos instantes perdió la balsa pero la recuperó y optó por amarrarse a ella para no volverla a perder. Afortunadamente eran las 12:00 de la noche y no habían tiburones. Otra ola grande volteó nuevamente la balsa y esta vez, amarrado a ella, le costó trabajo aflojarse la hebilla del cinturón y aguantar la respiración. Estaba agotado y había tragado mucho agua. Ahora la principal preocupación era mantener la balsa estable.

El sol del amanecer
El mar permaneció picado hasta el amanecer y no cayó la lluvia esperada. Luis volvió a tomar agua del mar, la cual ahora le hacía bien.

Una gaviota negra y vieja sobrevoló encima de su balsa, entonces comprendió que sí estaba cerca de tierra y no eran gaviotas extraviadas las que había visto en repetidas ocasiones. El mar se tornó verdoso oscuro y pensó que debía permanecer la noche en vela para observar las luces de la costa. Mientras escrutaba el horizonte, pensó en Mary Address. Era su octavo día y ese mismo día Mary Address asistía a una misa por el descanso de su alma. Quizá fueron las gaviotas y la misa lo que lograron darle un poco de paz y esperanza.

CAPÍTULO 10

PERDIDAS LAS ESPERANZAS, HASTA LA MUERTE

La vieja gaviota se postró sobre la balsa desde las 9:00 pm y le hizo compañía toda la noche. Ésta le picoteaba la cabeza, pero no lo lastimaba, era como si lo estuvieran acariciando. Esta vez, ya no tenía deseos de comérsela pese al hambre.

Llegó el amanecer de su noveno día y aún no llegaba a tierra. Su cuerpo estaba lleno de yagas ocasionadas por el sol y el mar, la barba le había crecido hasta el cuello y su aspecto era deplorable. Entonces recordó todo el sufrimiento por el que había pasado los últimos días y se sintió desesperado. Decidió voltearse de espaldas al sol para exponer sus pulmones al sol y morir de asfixia. Ya no sentía nada, ni hambre, ni sed, ni dolor, sólo le vinieron recuerdos gratos de cuando iba a la tienda de ropa para marineros del judío Massey Nasser para ver las bailarinas tipo árabes con el vientre descubierto y tomar unos tragos. Un salto en la balsa lo hizo despertar de sus recuerdos y ya estaba atardeciendo. De pronto, una enorme tortuga de cuatro metros asomó su rostro terrorífico. Luis nunca supo si esto fue alucinación o realidad, pero el miedo que resurgió en él, lo hicieron reaccionar para luchar por su vida, pese a que en la mañana había elegido no seguir viviendo más.

La raíz misteriosa
Durante sus nueve días en el mar no había visto ni una brizna de hierba en la superficie, pero sin darse cuenta encontró una raíz enredada a los cabos de la malla, como otro anuncio de que tierra estaba cerca. Se comió la raíz entera a pesar de su sabor a sangre, pero ésta no lo reconfortó nada. En su noveno día en el mar, pensó que nada mejor podía ocurrir que morir. Entonces tomó la medalla de la virgen del Carmen, comenzó a rezar y se sintió bien porque sabía que iba a morir.

CAPÍTULO 11

AL DÉCIMO DÍA, OTRA ALUCINACIÓN: LA TIERRA

Durante toda la noche, la más larga de todas, tuvo alucinaciones en las cuales recorría una y otra vez los sucesos desde que cayó del barco. Su buena suerte impidió que cayera al mar en el estado que se encontraba. No podía distinguir cuánto tiempo había pasado desde que estaba en el mar. La herida punzante en su rodilla y una fuerte fiebre lo hicieron recobrar conciencia de su cuerpo. Al amanecer, le pareció ver los perfiles de unas palmeras. Creyó que era otra alucinación pero poco a poco se distinguía la tierra y las palmas. Se encontraba a 2 km. de Punta Caribana, pero ya no tenía remos para luchar contra la corriente, los había perdido cuando la balsa se volteó. Decidió nadar hasta la orilla, a pesar de su mal estado y su debilidad como último recurso para salvarse. Mientras nadaba, la Virgen del Carmen se desprendió de su cuerpo, pero alcanzó a recuperarla y la colocó entre sus dientes. De pronto, dejó de ver la tierra, pero ya había avanzado mucho para regresar a la balsa.

CAPÍTULO 12

UNA RESURRECCIÓN EN TIERRA EXTRAÑA

Sólo después de 15 minutos, volvió a ver la tierra. Su condición de nadador le ayudaron a llegar a la orilla a pesar del agotamiento, la herida en la rodilla, las heridas en sus dedos y su debilidad. Al llegar a la playa, permaneció 10 minutos inmóvil sobre la arena recobrando fuerzas. Vio un coco que le recordó su sed y trató de abrirlo con las llaves, pero no pudo perforarlo y lo aventó con enojo. Después escuchó un perro ladrar y su entorno le indicó que estaba en un lugar poblado. De pronto una mujer negra caminabacon una olla de aluminio en la playa y Luis, pensando que estaba en Jamaica, le pidió ayuda en inglés. La mujer se fue corriendo aterrada al verlo. En realidad había llegado al lugar que menos se esperaba, a Colombia.

Después de un rato, escuchó el perro ladrar nuevamente y un hombre blanco con dos burros se acercó a ayudarle. Luis trató de explicarle quién era, pero el hombre parecía desconocer la tragedia y le aseguró que iría al pueblo y volvería por él.

CAPÍTULO 13

600 HOMBRES ME CONDUCEN A SAN JUAN

Después de 15 minutos, el hombre regresó con la joven negra que llevaba la olla de aluminio. Subieron a Luis en un burro y llegaron a una casa donde lo recostaron. Las mujeres en la casa estuvieron alimentándolo a base de cucharadas de agua con azúcar y canela, pues sabían que alimentarlo sin el visto bueno de un doctor, podía ser fatal.

Poco a poco se fue recuperando y Luis sentía inmensos deseos de contar su aventura, pero en ese poblado desconocían la historia porque no llegaban los periódicos, pero al darle aviso al comisario de Mulatos, una multitud de curiosos y hombres de la comisaría fueron a verlo para escoltarlo hasta Mulatos, el poblado más cercano a la civilización.

Luis se sintió como un Fakir, que había visto en años anteriores, cuando la gente hacía fila para verlo. Mujeres, niños y hombres dejaron Mulatos vacío para escoltarlo hasta algún lugar que Luis todavía desconocía.

CAPÍTULO 14

MI HEROÍSMO CONSISTIÓ EN NO DEJARME MORIR

Durante su estancia en el hospital militar, Luis tenía un guardia que lo cuidaba día y noche de que nadie se le acercara, especialmente los reporteros. En uno de sus últimos días en el hospital fue a visitarlo un reportero disfrazado de doctor psiquiatra, quien logró burlar las autoridades. El reportero le pidió a Luis que dibujara un buque y una casa e intentó realizar varias preguntas, pero el guardia se lo prohibió porque sospechaba de su falsa identidad. Al día siguiente se armó en grande en el periódico “El tiempo” con los dibujos de Luis y sus declaraciones. Le dijeron que podía demandarlos, pero le apreció simpático que alguien se disfrazara para entrevistarlo.

Luis se había convertido en héroe nacional por la hazaña de haber sobrevivido 10 días sin comer ni beber en medio del mar. Descubrió que su hazaña se había convertido en un negocio, pues le ofrecían dinero para contar su historia en la radio y en la TV así como para anunciar relojes y otros artículos. Era tan famoso que recibió cartas de Pereira con un extenso poema.

Algunas veces creen que su historia es una fantasía o invención, pero sino qué pudo hacer Luis Alejandro Velasco durante diez días en el mar.

el principito

oigres @ 14:24

RESUMEN CUENTO “EL PRINCIPITO”

Autor: Antoine De Saint Exupéry

Viví solo en el desierto del Sahara sin nadie con quien hablar pues sufrí un percance cuando se averió mi motor y tuve que permanecer en aquel lugar hasta que un día apareció ante mi un muchachito pequeño que no parecía extraviado ni desfallecido de sed o de hambre.

Le pregunte que haces aquí y me pidió que le dibujara un cordero y a si lo hice; me dijo que era justo lo que necesitaba porque donde vivía era muy pequeño y este era del tamaño preciso, a si conocí al Principito.

Paso un tiempo sin que yo supiera de dónde venia él, me hacia muchas preguntas sobre mi avión y si volaba pero yo intrigado le pregunte ¿ De donde vienes? Sin embargo creo saber que su planeta es un asteroide y solo a sido visto una vez.
Cada día que pasaba aprendía algo nuevo sobre el planeta del Principito ya que me contaba como había que cuidarlo.

Pasaban los días y el Principito hablaba de las flores especialmente de las rosas que crecen en su planeta y de una muy especial que broto un día y que era muy bella y radiante pero, era vanidosa y quería que el se preocupara de regarla y cuidarla y se quejaba mucho de las corrientes de aire y del frío es por esto que al Principito le pareció que era una flor muy complicada, pero a pesar de todo su amor y buena voluntad dudo un poco de ella. Con un poco de melancolía cuando regó la flor por última vez se dio cuenta que tenia ganas de llorar.

Adiós dijo a la flor, no le respondió. Repitió el adiós, esta tosió y le dijo: He sido muy tonta y te pido disculpas.
El Principito quedó asombrado sin comprender, esta le dijo te amo fue mi culpa, no tiene importancia que seas feliz. Él se preocupó de: el viento, insectos y animales feroces. Ella dijo, no tengo temor pues, tengo mis espinas pero, no te demores ya que , partirás. Vete ya.

El Principito luego viajó a la zona de asteroides y decidió visitarlos.
En el primero vivía un Rey que al ver al Principito permaneció de pie y bostezo a lo que el rey dijo: Te lo prohíbo, hice un largo viaje y no dormí. Luego le Principito le preguntó sobre que reinaba, este contestó, sobre todo, entonces le pidió que le diera una puesta de sol, la cuál no cumplió el Rey, aburrido quiso, irse y este le dijo ¡Te nombro ministro de justicia ¡ debes juzgar y obedecer. Obedeceré solo a las ordenes sensatas. Al no recibir respuesta del rey se marcho.

Segundo Planeta: Encontró un vanidoso que tenia un sombrero con el que saludaba cuando lo aclamaban. Le pidió al Principito que lo aclamara mucho, este le dio en el gusto porque reconoció que este vivía muy solo. Luego se marcho.

En el planeta siguiente vivía un bebedor ¿ Que haces? Le pregunto al borracho el cual estaba delante de una colección de botellas vacías.
Bebo le contesto ¿por qué bebes?- para olvidar que tengo vergüenza confesó
¿Vergüenza de que? De beber concluyó el borracho y se quedo en silencio. El Principito se quedo perplejo.

El cuarto planeta pertenecía a un hombre de negocios y estaba tan ocupado que ni vio al Principito.
Buenos días lo saludó éste pero el hombre estaba pendiente de sus cálculos y le dijo soy un hombre serio y no tengo tiempo de divagar.
El Principito volvía a interrumpir ¿Y que haces con quinientos millones de estrellas? Soy su dueño, las administro, las cuento y sumo.
El Principito no se sintió satisfecho y le dijo que el tenia una flor a la que regaba y cuidaba.
El hombre no hayó que responder y el Principito se marchó.

El quinto planeta era muy especial, por ser el más pequeño. Solo había lugar para un farol y un farolero.
El Principito no comprendía para que estaba un faro y un farolero solos en un planeta sin casas y sin gente.
Le pareció absurdo pero menos ridículo que el rey, el vanidoso, el borracho y el hombre de negocios por lo menos su trabajo tenia sentido, luego de un rato saludo al farolero.
Buenos días ¿por qué apagaste recién el farol?
Es la consigna respondió
¿Qué es eso?. Apagar mi farol Buenas noches.
No entendió dijo el Principito. Es que cada año el planeta gira más rápido y no puedo descansar ni un segundo enciendo y apago el farol una vez por minuto. El Principito le dio unas recomendaciones y se marcho.

El sexto planeta es diez veces más grande y lo habitaba un anciano ¡Vaya un explorador¡ exclamó al ver al Principito.
¿ De dónde vienes? Le pregunto el anciano ¿ De que trata este libro tan grande?
¿ Que haces aquí? Pregunto a su vez el Principito.
Soy geógrafo ¿Y que es eso?
Es un sabio que sabe la ubicación de mares de ríos, ciudades, montañas y desiertos.
¿Y tu planeta tiene ríos y ciudades? No puedo saberlo, pero si eres geógrafo, pero no lo se todo.
¡ Pero tu vienes de lejos! Descríbeme tu planeta.
Mi planeta es muy pequeño, tengo una flor y unos volcanes pero, deje a mi flor muy sola y estoy arrepentido pero, dime que planeta me aconsejas visitar?
El planeta Tierra contestó el anciano y así el Principito se despidió y se fue.
La tierra fue el séptimo planeta, al llegar no encontró a nadie, cuando un anillo removió la arena.
-Buenas noches murmuró el Principito
-Buenas noches susurró la serpiente ¿Sobre que planeta estoy? Pregunto el Principito
-Sobre la tierra le respondió la serpiente, y no vive nadie aquí?.
-Este es el desierto y aquí no hay gente, la tierra es muy grande.
-¿Pero que haces aquí? Tuve problemas con mi flor.
-¿Dónde están los hombres? Tampoco hay hombres, eres muy rara le dijo pero, soy muy poderosa. No lo pareces, ni si quiera tienes patas.
Pero puedo llevarte muy lejos. Siento compasión por ti, tan débil sobre esta tierra pero, puedo ayudarte a volver a tu planeta dijo la serpiente y guardaron silencio.

El Principito atravesó el desierto y encontró una flor de tres pétalos.
-Buenos días- saludó el Principito, Buenos días contestó la flor
-¿Dónde están los hombres?
-Los hombres dijo la flor creo que hay seis o siete. Los divisé hace años el viento los acarrea.
-Adiós dijo el Principito
-Adiós repuso la flor.

El Principito trepó a una montaña muy alta. Desde esta montaña podré mirar a todo el planeta y a los hombres pero solo vio cumbres.

-¡Buenos días! Pregunto pero respondió su eco ¡Que planeta más raro! Pensó esta seco y salado y los hombres no tienen imaginación porque repiten lo que uno dice.

En mi casa yo tenía una flor, ella sí hablaba. Después paso a través de arenas, rocas y nieve y encontró un camino y unas rosas, las saludo y recordó a la suya, se echo en el pasto y lloró. En ese instante apareció un zorro, el Principito lo saludó y lo invitó a jugar con él. Este respondió: No puedo porque no me has domesticado ¿Qué significa eso? Es algo que se ha olvidado dijo el zorro, significa crear vínculos.
Si tu me domesticas nos necesitaremos el uno al otro.
Empiezo a comprender dijo el Principito.
El zorro guardó silencio y lo miro largo rato.
Si quieres domesticarme tienes que tener paciencia ya que al comienzo estaré muy lejos pero, cada día me acercare más a ti. D e este modo el Principito domesticó al zorro.

Cuando se acercó el día de su partida el zorro se despidió y le dijo: Creo que voy a llorar pero, es tu culpa yo no quería hacerte daño pero tu quisiste que te domesticara.
Así es contestó, mejor vete a mirar las rosas y comprenderás que la tuya es la única en el mundo.

Cuando las miró les dijo:
-No se parecen en nada a mi rosa ni significan nada las rosas se sintieron molestas y el continuó.
-Ustedes son bellas, pero están vacías, mi rosa es más importante que ustedes porque la riego y la cuido y así regreso junto al zorro.
-Adiós le dijo
-Adiós contestó el zorro y le dio un buen consejo.

El tiempo que has perdido con tu rosa es lo que la ha hecho tan importante.
Los hombres olvidaron esta verdad pero tu no debes hacerlo y eres responsable de lo que has domesticado o sea de tu rosa.
Si lo soy repitió este a fin de recordarlo y se marcho.

Cumplí el octavo día de mi caída en el desierto y bebí la última gota de mi provisión de agua pero no he arreglado mi avión mientras escuchaba al Principito que me decía: Mi amigo el zorro me contó.
-¡Mi buen amigo ya no se trata del zorro! ¿por qué?
-Porque moriremos de sed.

-También tengo sed... busquemos un pozo. Hice un gesto de cansancio ¡Es tan absurdo buscar un pozo en el desierto!
Avanzamos durante horas en silencio hasta que cayó la noche. ¿También tienes sed?

No me contestó, sino que dijo simplemente.
-El agua también es buena para el corazón, aunque no entendí su respuesta, calle.
Luego de un silencio, dijo:

Las estrellas son hermosas debido a una flor que no vemos.
Luego de un rato el Principito se durmió y lo tomé en brazos y me puse de nuevo en el camino.

Sus labios entreabiertos esbozaban una sonrisa y me dije: Lo que más me conmueve de este Principito dormido, es su felicidad a una flor y, percibí con mayor fuerza su fragilidad y así caminando, descubrí el pozo al amanecer. El pozo que encontramos no se parecía en nada a los del desierto del Sahara. El que hallamos era igual a un pozo de aldea.
-¿ Oyes? ¡ Hemos despertado al pozo y canta! Dijo el Principito.
-Tengo sed de esta agua dame de beber. Levante el cubo y bebió con los ojos cerrados.

Esta agua era algo más que un sustento, había surgido de la caminata del esfuerzo de mis brazos.
-Tienes que cumplir tu promesa dijo con suavidad el Principito, que había vuelto a sentarse junto a mí.
-¿Qué promesa?
-Un bozal para mi cordero yo soy responsable de mi flor.

Dibuje en seguida un bozal y al entregárselo mi corazón se apretó.
-Tienes planes que desconozco. Debes recordar mi caída a la tierra, mañana se cumple un año. Bueno debes trabajar ahora vete a revisar tu maquina.

Junto al pozo había un resto de antiguo muro de piedra. Cuando regrese de mi trabajo, divisé desde lejos al Principito sentado allí arriba lo escuche conversar.
-¿No te acuerdas, entonces? No fue precisamente aquí, otra vos le contestaría porque el replicó. Sí sí fue ese día, pero no en este lugar.

Seguí caminando hacia el muro. Aunque no vi ni escuche a nadie, el Principito replicó de nuevo: Estoy seguro, podrás ver dónde comienzan mis huellas.

Yo me encontraba a veinte metros y seguía sin ver a nadie.
Luego el Principito añadió ¿ Es rápido tu veneno? ¿ Estás segura de que no sufriré mucho?

Me detuve pero sin comprender aún del todo.
Ahora vete dijo él quiero bajarme.
Con la mirada recorrí hasta el pie del muro y vi una de esas víboras amarillas me puse a correr y con el ruido que hico la serpiente se deslizó suavemente por la arena.
Llegue justo a tiempo para recibir a mi Principito, pálido como la nieve.
-¿Qué historia es esta? Ahora conversas con serpientes. Me miro con gravedad y me rodeo el cuello con sus brazos.

-Estoy feliz de que hayas arreglado tu máquina podrás regresar a tu casa.
-Yo también regreso hoy a mi casa.
-Está mucho más lejos y es mucho más difícil.

Su mirada se perdía en algo lejano y sonrió con tristeza.
Esperé un rato. Sentí que se iba entibiando un poco. Tuviste miedo, hombrecito. Tendré más miedo esta noche.
A través de una larga conversación el Principito le dio a entender que su amigo podría recordarlo todas las noches cuando mirara las estrellas y le dijo: Cuando te hayas consolado un poco estarás feliz de haberme conocido. Serás mi amigo para siempre y rió.

De pronto se puso serio ¿sabes? no vengas esta noche. No te dejaré solo.
Esa noche no lo vi cuando se puso en camino, escapó sin hacer ruido, y cuando logré alcanzarlo, iba rápido con paso decidido me dijo: ah estas ahí y me tomó de la mano es allá donde vivo, déjame dar un paso a mí solo.
Se levantó dio un paso, cerca de su tobillo brilló algo como un relámpago, se quedó inmóvil cayó lentamente sin hacer ruido.

Ya han pasado seis años me he consolado un poco pero sé qué él regresó a su planeta y me siento feliz.
Y TODAS LAS ESTRELLAS RIEN DULCEMENTE.

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